Con menos bancas y fracturas a la vista, el bloque amarillo busca redefinir su rol en el Congreso. Mientras Cristian Ritondo y Diego Santilli promueven la alianza con Javier Milei, el sector de Patricia Bullrich se distancia de Mauricio Macri y evalúa nuevos alineamientos dentro y fuera del partido.
El resultado electoral dejó al PRO ante un nuevo mapa político y una interna en ebullición. La bancada que preside Cristian Ritondo pasará de 35 a unos 25 diputados, lo que obliga a un reacomodamiento estratégico en la Cámara baja. Aunque el macrismo mantendrá un papel clave en la defensa legislativa del gobierno libertario, la pérdida de peso parlamentario abre la puerta a una competencia interna por el liderazgo opositor.
En ese contexto, Ritondo y Diego Santilli —fortalecidos por sus triunfos— buscan consolidar la alianza con La Libertad Avanza como una coalición estable más allá de las elecciones.
Pero no todos comparten esa visión. El sector encabezado por Patricia Bullrich, flamante senadora electa, atraviesa un enfrentamiento abierto con Mauricio Macri y con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, a quienes acusa de haberle restado apoyo durante la campaña. La Ministra de Seguridad se muestra decidida a marcar distancia y varios de sus legisladores, como Damián Arabia o Sabrina Ajmechet, evalúan romper con el bloque para formar un interbloque cercano al oficialismo libertario. En paralelo, figuras del PRO clásico como Fernando De Andreis, Florencia De Sensi y Alejandro Finocchiaro intentan sostener una estructura partidaria propia bajo la mirada del expresidente.
En medio de las tensiones, Macri reanudó el diálogo con Javier Milei, con quien comparte la elaboración de borradores para las reformas laboral, tributaria y educativa que el Ejecutivo planea presentar en diciembre. Mientras tanto, el PRO se divide entre tres espacios: los “amarillos” fieles al expresidente, los “violetas” alineados con Bullrich y los que reclaman una renovación del partido. Con ese tablero, el futuro del macrismo dependerá de si logra reinventarse como aliado estratégico del gobierno o si se fragmenta definitivamente en su intento por conservar poder e identidad.






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