El proyecto de Presupuesto 2026 presentado por Axel Kicillof abrió un nuevo capítulo en la interna del peronismo bonaerense. La propuesta contempla un fuerte plan de inversión en infraestructura, educación, salud y seguridad, pero también un endeudamiento que requerirá del aval legislativo. En ese punto radica el conflicto: La Cámpora, con Máximo Kirchner como principal referente, se muestra reticente a acompañar el texto en su forma actual y exige cambios en la distribución de los fondos.

El Fondo de Fortalecimiento Municipal es uno de los ejes de la disputa. Mientras desde la Gobernación lo defienden como una herramienta para sostener obras locales y garantizar el flujo de recursos a los municipios, los sectores camporistas acusan falta de transparencia en los criterios de asignación y temen un uso político de los fondos. La negociación, que comenzó con reuniones tensas, podría convertirse en el primer gran test de poder del año para el oficialismo provincial.

Kicillof intenta equilibrar la relación con los intendentes, muchos de los cuales responden a La Cámpora pero también dependen de los recursos provinciales. Desde su entorno apuntan que el gobernador “no cederá ante presiones” y que su prioridad es “mantener la gobernabilidad en un contexto económico adverso”. Sin embargo, el propio Máximo Kirchner busca consolidar influencia en la Legislatura y rearmar su estructura política de cara al futuro del peronismo.

El resultado de esta pulseada definirá mucho más que un presupuesto: será una medición de fuerzas entre dos proyectos dentro del mismo espacio. Mientras Kicillof busca reafirmar su perfil de gestor autónomo, La Cámpora intenta preservar su poder territorial. El desenlace marcará el tono del peronismo bonaerense rumbo a las elecciones y podría redefinir la relación de fuerzas dentro del Frente de Todos.

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