Una brecha interpretativa entre el Banco Central y la Auditoría General de la Nación se profundizó con la respuesta de la institución monetaria. El BCRA no solo rechazó los reparos sobre pérdidas en derivados, sino que cuestionó directamente las motivaciones detrás de las críticas.
La AGN había documentado pérdidas por 1.023 millones de dólares en operaciones con derivados, análisis que inquietó respecto a la administración de fondos públicos. El Banco Central respondió contraponiendo cifras propias: ganancias totales de 2.505 millones de dólares en 2025.
La fricción central radica en cómo se deben computar y analizar los resultados de operaciones complejas. El BCRA argumenta que los derivados funcionan como instrumentos de cobertura y que sus resultados no pueden evaluarse aisladamente. La revalorización del oro, sostiene, debe incluirse en el análisis para obtener un cuadro más preciso de la performance.
La institución resaltó que la estrategia de cobertura que implementa tiene raíces profundas en su política financiera. Desde 2007, el Banco Central aplica este sistema destinado a proteger activos frente a volatilidades de mercado en el mediano y largo plazo.
El tono de la disputa escaló cuando el BCRA acusó explícitamente a la AGN de actuar con «fines políticos». Esta expresión sugiere que detrás de las críticas no habría consideraciones técnicas rigurosas sino intereses de carácter político.
El enfrentamiento pone en evidencia tensiones recurrentes entre instituciones de control y entidades bajo supervisión. La controversia sobre oro y derivados trasciende lo meramente técnico e ilustra dinámicas más amplias sobre la fiscalización de operaciones financieras del Estado y las interpretaciones diversas de un mismo conjunto de datos.
Imagen: Robert Lens / Pexels – Con informacion de Ámbito





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