En el corazón de la crisis citrícola que atraviesa Argentina existe una ecuación económica simple pero devastadora: los ingresos no alcanzan para cubrir los costos. Una familia productora de naranja y mandarina en Entre Ríos ha experimentado de manera directa las consecuencias de esta realidad.
Su historia comienza en 1926, cuando se instalaron en la provincia con la intención de dedicarse al cultivo de cítricos. Durante el siglo XX, la operación fue creciendo hasta alcanzar una extensión de 150 hectáreas. Parecía un proyecto consolidado y con futuro. Pero en los últimos años, esa misma familia se ha visto obligada a reducir progresivamente sus operaciones, conservando hoy solo 25 hectáreas en producción. El retroceso es dramático: han perdido el 83% de sus tierras.
Detrás de esta contracción hay una serie de factores que se refuerzan mutuamente, creando una tormenta perfecta para los productores. En primer lugar, el mercado citrícola padece de un exceso estructural de oferta. Demasiada fruta compitiendo por los mismos compradores genera una presión constante sobre los precios, que caen permanentemente.
En segundo lugar, la comercialización se ha vuelto cada vez más compleja. Los canales de distribución se han reducido, y colocar la producción requiere cada vez más gestión y esfuerzo, frecuentemente sin resultados satisfactorios. Los productores tienen frutas para vender pero encuentran puertas cada vez más cerradas.
Pero el problema fundamental es la rentabilidad. Los precios que el mercado ofrece por la naranja y la mandarina no alcanzan para cubrir adecuadamente los costos de producción. Esto significa que, ciclo tras ciclo, los productores cierran sus balances con márgenes mínimos, insuficientes para reinvertir, mejorar equipamiento o expandir operaciones.
Es en este contexto donde surge la pregunta que define el dilema: «Si uno hace fríamente los números, no conviene seguir». Cuando la lógica económica elemental sugiere que es mejor no continuar, muchos productores optan por abandonar tierras, reducir operaciones o cambiar de rubro. La historia de esta familia es cada vez más la historia del sector citrícola entrerriano en su conjunto.
Imagen: ROMAN ODINTSOV / Pexels – Con informacion de Clarín Rural





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